Condenado. Por Ley y por Justicia. Por una Jueza en los Juzgados de Plaza Castilla. En su horrendo despachito sin ventanas. Acompañado de una abogadilla de oficio sin oficio. Arrepentido y derrotado, con una losa granítica en la conciencia. Ni siquiera fui capaz de llorar, con mis 40 años, no por falta de ganas. No hubiera servido de nada, pero hubiera añadido un poco de dramatismo a la escena, dramatismo restado a mi insostenible carga interior. Fui solo, faltando al trabajo. Estas cosas hay que pasarlas solo. Es a mí a quien condenan. El lugar, en esa celda, me corresponde…
¿Qué pasó? No mucho, la verdad. Dos botellas de Matarromera entre cuatro y un gin tonic. La carne estaba deliciosa y no resultó nada caro. Lo mejor fue sin duda la compañía. Mis amigos nunca fallan; la sonrisa, el calor y el compartir. En eso nunca fallamos. Pero en lo demás si. Esta vez me tocó a mi. Con la noticia todos quedaron consternados y al mismo tiempo aliviados. Cada uno cogió su coche para volver a sus casas. Eran las 00:30 del jueves 29 de Enero de 2009. El lateral de la Castellana y la oscuridad de la noche solo interrumpida por unas destelleantes luces azules que me dan el alto. Cuando yo me saqué el carne el limite permitido de alcohol en sangre eran 0,80 miligramos. Di 0,72 en la primera y 0,71 en la segunda. Que extraño, en su punto primero de los Hechos Probados de la Sentencia Judicial, dice que presentaba ojos rojos y brillantes, habla reiterativa repetitiva y andar vacilante. Es rotundamente falso. Supongo que utilizan una plantilla y se limitan a cambiar los datos del condenado, el día y la hora.
Lo recuerdo todo de esa noche, hasta los detalles mas sórdidos, que no pienso relatar. En realidad yo solo quería llegar a casa cuanto antes y abandonarme de una vez en el dulce sueño bajo el confort de mi edredón, buscando el calor de mi esposa...Pero algo, que en aquel momento no me era lícito asumir, perturbaba inevitablemente mi paz. Y al fin, cuando el silencio se hizo en mi mente, caí dormido dejando en la mesita de noche el despertador a las 6:30, las llaves del coche y la citación judicial para pasado mañana. Mañana, pensé justo antes de perder la conciencia, mañana decreto todas esas decisiones que revolotean en mi cabeza.
jueves, 11 de febrero de 2010
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